Spames, hoaxes y tamifluses
Imagen tomada de lidiafoto.blogspot.com
Para determinados grupos de la población, la vacuna contra la gripe A dejará de ser en breve un asunto de vana controversia y se convertirá en materia de inminente decisión: vacunarse o no vacunarse, vacunar a los niños o bien dejarlos expuestos al virus y su novedosa cepa.
Habrá que afrontar la determinación habiendo sido advertidos, o acojonados, por insistentes mensajes de alerta contra los presuntos efectos fatales sobre la salud debidos a parte de su composición. Alerta esta acompañada de la insinuación, cuando no la denuncia, de que todo responde a un plan perverso de no se sabe quién o quiénes, en complicidad con las compañías farmacéuticas, para sacar tajada económica de una injustificada alarma, o para lograr la paralización conformista de la sociedad creando un clima de súbito temor generalizado. Se ha llegado más allá: se ha dejado caer en mensajes de enorme difusión el probable plan de exterminio de parte de la población, obra de indeterminados grupos de poder en connivencia con la Organización Mundial de la Salud.
Por supuesto, siempre hay zonas oscuras o confusas de la información acreditada que alientan este tipo de mensajes. Hasta donde sé, nadie ha dado una explicación convincente de las repentinas decenas de muertos que se declararon en México al comienzo de esta epidemia, pues la evolución posterior de la enfermedad no concuerda con ese brote mortal que supuso el inicio del miedo. Por supuesto, también, las previsiones de mortalidad que ha expresado la OMS en relación a otras pandemias han resultado desorbitadas en relación al recuento posterior de contagios y muertes. No es que no haya preguntas que hacerse ni cautelas que tomar.
A pesar de todo, quienes alzan la voz o se suman al clamor contra la alarma injustificada por la gripe, dando por seguros calculadísimos propósitos y planes en la sombra, no harían mal en considerar, por ejemplo, cuántos mails recibieron o lanzaron masivamente sobre los efectos de esta gripe, en muchos casos remitidos por las mismas personas que, en oleada posterior, se han sumado a propagar lo contrario: las acusaciones de que detrás de esto sólo ha habido negocio, estrategia interesada del miedo o cosas aún peores.
La Red -y el correo web en concreto- nos convierte a todos en informadores sin pasar por control ni censura, aumentando si se quiere la libertad de divulgar todo tipo de contenidos. Lo grave es que esa libertad no va acompañada en ocasiones del mínimo rigor o del mínimo ejercicio de prudente contraste. Los hoax son mensajes en cadena cuya intencionalidad es fácilmente presumible cuando carga de forma urgente y sensacional contra firmas y productos comerciales, atribuyéndoles todo tipo de males a partir de argumentos que corresponden a disciplinas especializadas como la biología o la química.
No se piensa, sin embargo, que el bulo informático versa también. y de un modo muy especia, sobre cualquier tema social o político. La mejor o peor propaganda ideológica y doctrinaria llega por medio de diapos o videoclips que se reciben como informaciones asépticas y ciertas, reveladoras de hechos sustanciales, rescatados de toda censura de poder. Para hacerse creíbles, en ocasiones arremeten contra el silencio de las fuentes de información habituales, aunque éstas ya hayan dado cobertura al asunto del que trata el bulo. Y es esto lo que me parece más peligroso, que a lo que llega por estas vías de la Red –anónimamente o de fuente incierta- se le atribuye de inmediato una pureza y autenticidad informativa fuera de toda sospecha y se le presume fruto voluntades desinteresadas a las que no guía sino el afán solidario de dar a conocer una realidad urgente y vital. No creo que muchos de los que reciben y reenvían este tipo de mensajes se paren a pensar cómo esos fraternos y anónimos particulares han podido estar en el ajo de altísimos secretos, cómo los han contrastado y cómo los han podido propagar por medio de muy elaborados productos de filmación o de presentación de texto e imágenes, verdaderos spam doctrinales.