El jeque que te dio jaque
Dama que amaba a su Alfil
en negro y blanco,
frente a frente y por el flanco
por su vigor juvenil.
Reina de cuento oriental,
libre de harén,
¿qué fue de aquel ten con ten,
de besos en diagonal?
Adiós, paloma
¿llegaré a olvidar tu aroma?
Suspira el triste almanaque,
pobre de mí,
corriste hacia el elixir
del Jeque que te dio jaque.
Tanto jaque te dio el Jeque,
rico y seguro,
que por su aplomo maduro
me entregaste en triste trueque.
Adiós, jazmín.
Ya no rozo tu confín.
Ya en el tablero del Jeque
no hay quien te toque,
que te enroscas en su enroque
cada vez que firma un cheque.
Y aprisionada en tu empaque,
de Alfil en Alfil,
no encontrarás mi perfil
clavado en ningún escaque.
Las Palmas, 9 de agosto de 1996